¡Aguante Pompeya!, por Mariel Vázquez

“Los científicos del futuro, que tendrán los medios para viajar al pasado, son los responsables de la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. Móvil del crimen: preservar, bajo las cenizas y la lava, el más bello ejemplo de ciudad antigua. Mejor aún: ¡la joya histórica del arte de vivir!”

Amélie Nothomb, Péplum

El pasado 27 de junio se dio a conocer la noticia del descubrimiento de un nuevo fresco en el sitio arqueológico de Pompeya, cerca de Nápoles, Italia. La pintura, de alrededor de 2000 años de antigüedad, llamó la atención de los investigadores por un elemento en particular. Se trata de una xenía, término griego que significa “hospitalidad” y que constituye un motivo común en la pintura romana, en el que se representan los manjares que se ofrecen a los invitados. Lo que sorprende es que, junto a la habitual copa de vino y otros comestibles en bandeja de plata, se destaca lo que a todas luces parece ser una pizza. 1

Pero esta no es la primera vez que las ruinas de Pompeya nos demuestran que algún hábito que consideramos actual es más antiguo de lo que pensábamos. 

Desde que comenzaron las excavaciones en el siglo XVIII, científicos, gobiernos, turistas y simplemente humanos sucumben a la fascinación por los misterios de la ciudad destruida por la erupción del Vesubio. Basta con mencionar que la novela Los últimos días de Pompeya, escrita por Edward Bulwer Lytton en 1834, fue llevada al cine en cinco oportunidades: en 1908, 1913, 1926, 1935 y 1959. Y ni siquiera son las únicas sobre el tema: en 1984, 2007 y 2014 nuevas producciones abordaron la catástrofe. 

Más allá del terror, pero también del encanto, que produce la fuerza incontrolable de la naturaleza, lo que cautiva es la paradoja existente entre una sociedad destruida y el inigualable estado de conservación de sus restos gracias a las cenizas volcánicas, que ha favorecido la creación del mito de una ciudad congelada en el tiempo. La fantasía de que al recorrer sus calles estamos viendo exactamente lo que contemplaban sus habitantes apenas terminada la erupción no es más que eso, una fantasía. El tiempo siguió su marcha inexorable en Pompeya. Apenas días después de que se calmaran los temblores y el volcán, fueron muchos los que regresaron para ver si podían recuperar sus bienes y otros tantos los que lo hicieron para saquear las casas más opulentas, tirando abajo paredes, exentos de cualquier preocupación por la preservación de aquel invaluable testimonio para la posteridad. Los mismos trabajos arqueológicos modificaron significativamente el paisaje: el cambio de ubicación de edificios a zonas más seguras y la reconstrucción para volver las ruinas más resistentes, cuando no más atractivas, formaron parte del trabajo de los científicos en una época en que la maravilla de las élites pesaba más que el rigor histórico. La lava no pudo hacer el milagro de detener los cambios propios del tiempo y de la historia. Al deterioro natural se sumó el provocado por el hombre, cuando la ciudad fue bombardeada por los Aliados en 1943. Y los cambios ocasionados por el robo de algún utensilio o directamente por la sustracción de un fresco, como sucedió en 2003. 2


Sin embargo, entre tanto cambio, hay algunas cosas que se mantienen tal como estaban y nos permiten apreciar rupturas, pero también continuidades entre una sociedad tan distante y la nuestra. Un caso paradigmático es la práctica del graffiti. Muy lejos de la consagración que alcanza por estos días, en los que obras como las de Banksy se exponen en las salas de los principales museos del mundo, los grafitos pompeyanos comparten con los movimientos neoyorquinos de la década del setenta, que elevaron la escritura en la pared a la categoría de arte, un mismo espíritu: la necesidad del ser humano de dejar su huella en el espacio público, de marcar su presencia y de perpetuar su paso por el tiempo. En Pompeya, la práctica era tan común que hasta había un puesto de trabajo exclusivo para quien se ocupaba de pintar de blanco las paredes que habían sido grafiteadas, el dealbator (blanqueador). Pero su función no tenía que ver con limpiar las paredes de “vandalismo”, sino de prepararlas para que el scriptor desplegara nuevamente su trazo.

En este caso se trataba de inscripciones más formales, llamadas tituli picti, que eran hechas a pincel con pintura roja o negra y se usaban para las campañas electorales. Con letra capital y muy prolija pedían el voto para algún candidato, tal y como sigue sucediendo en nuestras calles. “A Gneo Helvio Sabino, adecuado para el ejercicio público, haced edil” 3 reza el frente de una casa.

En otra puede leerse, «Haced a Lucio Cesernino duunviro quinquenal de Nuceria, os lo ruego: Es un buen hombre.» 4 Esta técnica se utilizaba también para anunciar las peleas de los gladiadores, como en esta pintada, realizada por el autor de varias conservadas: “Veinte parejas de gladiadores provistas por Décimo Lucrecio Satrio Valente, sacerdote perpetuo de Nerón, hijo del Emperador, y diez parejas de gladiadores provistas por Décimo Lucrecio Valente, su hijo, lucharán en Pompeya los días 8, 9, 10, 11 y 12 de abril. Habrá una gran cacería y toldos. Emilio Celer escribió esto a la luz de la luna” 5. Pero la pintura no era el único medio para las inscripciones parietales, como se las llama técnicamente. Se conservan alrededor de 11.000 grafitos, tanto de la ciudad de Pompeya, como de Herculano y Estabia, también víctimas del Vesubio, recopilados en el cuarto tomo del Corpus Inscriptionum Latinarum. La mayor parte de ellos son lo que se conoce como graphio scriptae, es decir, inscripciones en la pared con un elemento punzante, realizadas por los habitantes comunes y los viajeros de paso, y que abarcan todos los temas que se puedan imaginar. Van desde el registro de transacciones comerciales hasta refranes y citas de autores como Virgilio u Ovidio. De la más solemne invocación y pedidos de protección a los dioses a los insultos más groseros, exponiendo las prácticas sexuales de algún enemigo con nombre y apellido. También hay ejercicios escolares, como la práctica del alfabeto griego o de los días de la semana 6. Los taberneros aprovechaban para promocionar sus locales y escribían los precios de las bebidas, pero también las trabajadoras sexuales ofrecían sus servicios: “Soy tuya por dos ases de bronce”, “Esperanza, de complacientes maneras, nueve ases”. 7

En Pompeya siempre había gente de paso, ya que toda la zona de la Campania era elegida para veranear. Por su fácil acceso desde Roma y la belleza del golfo de Nápoles, los miembros de la élite tenían allí sus casas de descanso, como es el caso de Cicerón y también de Popea, esposa de Nerón 8 . Los viajeros también quedaron plasmados en las paredes. Muchos simplemente se limitaban a dejar su nombre, registrar su presencia en la ciudad: “Pacato durmió aquí en Pompeya”, “Vibius Restitutus durmió acá solo y extrañó a su amada Urbana” 9. Otros, en cambio, brindaban demasiada información sobre sus actividades: «Apollinaris, médico del Emperador Tito, fue bien de vientre aquí», “Me he meado en la cama, lo he puesto todo perdido, no miento,  pero, querido mesonero, no me dieron orinal”. 10 

Muchas inscripciones son de amor, pero también las hay de desamor: “Cruel Lalagus, ¿por qué no me amas?”11,”Suceso, el tejedor, está enamorado de una camarera llamada Iris y a ella le importa un bledo” 12. Algunos no podían dejar plasmado el nombre de la persona amada, quizás estuvieran viviendo amores prohibidos o simplemente quisieran mantener el secreto, entonces recurrían a la práctica de la isopsefía, que consistía en atribuir un valor a cada letra del nombre, en correspondencia con el sistema numeral griego, y luego realizar la sumatoria. Así nos encontramos con inscripciones como “Amerimno se acordó para bien de la armonía (musicalidad) de su propia señora, cuyo número del bello nombre es 1035”&nbsp 13; o en una forma más concisa “Amo a la mujer cuyo número es 545” 14, de la que se conservan muchas muestras, que nos hacen pensar en un uso bastante extendido de esta práctica. 

Los infaltables dibujos de genitales de los baños públicos decoraban las calles de Pompeya, sobre todo en las inmediaciones del lupanar, pero no exclusivamente, ya que el falo en las sociedades antiguas podía tener otras connotaciones no tan profanas. Otros realizaban dibujos menos rudimentarios, algunos hacían caricaturas y muchos han dejado para la posteridad verdaderos relatos gráficos de cómo había sido tal o cual combate entre los gladiadores 16, que despertaban tanta o más pasión que los equipos de fútbol en nuestras paredes.

La cantidad de inscripciones era tal que incluso se han encontrado algunas que dan cuenta precisamente de ello, como esta que está por lo menos en tres lugares diferentes de la ciudad: “Me extraña que no te hayas caído, ¡oh pared!, cargada como estás de pintadas”. 16

Más allá de la curiosidad y hasta quizás la ternura que nos puede despertar esta práctica que nos remite a la infancia, a los amores, insultos o simplemente nombres propios grabados en un banco escolar, lo cierto es que los grafitos pompeyanos constituyen una fuente invalorable de conocimiento. En primer lugar, nos permiten tener un testimonio de la vida cotidiana de las clases populares, siempre esquivas a quien estudia la Antigüedad, cuya fuente principal son los textos literarios. En las paredes, es la gente del pueblo la que nos deja mensajes con su propia voz, nos habla de sus costumbres, de sus pasiones, sin que medie el relato de algún filósofo, historiador o emperador. Sin caer en la ingenuidad de pensar que podemos acceder sin opacidades a la vida de un ciudadano romano del siglo I, al menos podemos recibir esos mensajes, estudiar esas huellas, sabiendo que la distancia entre ese mundo y el nuestro imprimirá sus interpretaciones, conjeturas, anacronismos. A su vez, las inscripciones parietales nos hablan de cuán extendida estaba la práctica de la lectura y la escritura en el común de la gente de las ciudades y permite a los lingüistas el estudio del latín vulgar, ausente de las grandes obras literarias.  Pero además, los grafitis pompeyanos en los últimos años han hecho su aporte a la hora de despejar  una de las mayores dudas de los estudiosos en la materia, la fecha de la catástrofe natural más significativa del Mundo Antiguo.

La fecha canónica para la erupción del Vesubio había sido siempre ーno sin reparos, como veremosー el 24 de agosto del año 79 de nuestra era. La fuente para esta datación es una carta de Plinio el Joven, político, abogado y escritor, dirigida a Tácito. En ella le contaba al historiador cómo su tío, conocido como Plinio el Viejo, también político, y el mayor naturalista de su época, había muerto tratando de escapar de la tormenta de lava y cenizas. A juzgar por su comienzo, respondía a un pedido del destinatario y el asunto exigía la mayor rigurosidad posible: “Me pides que te describa la muerte de mi tío para poder dejar a la posteridad un relato más verídico de la misma”. 17

Así describía el Joven el suceso: “Se encontraba en Miseno al mando de la flota. El 24 de agosto, como a la séptima hora, mi madre le hace notar que ha aparecido en el cielo una nube extraña por su aspecto y tamaño. (…) La nube surgía sin que los que miraban desde lejos no pudieran averiguar con seguridad de qué monte (luego se supo que había sido el Vesubio), mostrando un aspecto y una forma que recordaba más a un pino que a ningún otro árbol. Pues tras alzarse a gran altura como si fuese el tronco de un árbol larguísimo, se abría como en ramas; yo imagino que esto era porque había sido lanzada hacia arriba por la primera erupción; luego, cuando la fuerza de ésta había decaído, debilitada o incluso vencida por su propio peso se disipaba a lo ancho, a veces de un color blanco, otras sucio y manchado a causa de la tierra o cenizas que transportaba. A mi tío, como hombre sabio que era, le pareció que se trataba de un fenómeno importante y que merecía ser contemplado desde más cerca. Ordena que se le prepare un navío veloz, y me ofrece la oportunidad de ir con él, si yo lo deseaba; le respondí que prefería continuar estudiando (…). Él cambió de planes y lo que había iniciado con el ánimo de un estudioso lo terminó con el de un héroe”.&nbsp 18; La carta continúa y es un magnífico documento y la única descripción ocular que tenemos del desastre natural, que describe al detalle. 

A pesar del minucioso relato de Plinio, las dudas sobre la fecha comenzaron a surgir entre los estudiosos a partir de los hallazgos arqueológicos. Lo primero que llamó la atención fue que los cadáveres encontrados estuvieran vestidos con ropas muy abrigadas para la calurosa temperatura de agosto al sur de Italia. Podría ser que la gente tratara de ponerse la mayor cantidad de ropa encima y prendas de lana con la intención de salvarlas, que se vistieran con aquello que querían preservar mientras veían cómo perdían todas sus posesiones. Pero también sorprendía la presencia entre los restos de gran cantidad de frutos propios del otoño en esas latitudes, como las castañas. Finalmente, se encontró una moneda de la que se tiene constancia de que no fue acuñada hasta septiembre de ese año. 

En octubre de 2018, durante las tareas de preservación que realizan los arqueólogos en orden de evitar el constante deterioro del sitio, se encontró en el interior de una casa un grafito escrito en carbón que avala la teoría de que la erupción tuvo que ser posterior. La casa estaba en remodelación y entre las paredes que ya habían sido blanqueadas con yeso se encontraba una todavía sin pintar en la que podía leerse una fecha “XVI K Nov”. Esta anotación significa “dieciséis días antes de las Calendas de Noviembre”, lo que según el calendario romano equivale al 17 de octubre 19. Junto a la fecha el autor, fiel a la necesidad de los pompeyanos de expresarlo todo, dejó asentado que ese día se había entregado demasiado a la comida. Según los especialistas, el carbón, que quedó eternizado por las cenizas volcánicas, es un material que se desvanece muy rápidamente. De este modo, la pared, que de no ser por la catástrofe habría sido muy pronto blanqueada, puede haber sido escrita una semana antes de la erupción, confirmando la hipótesis de que esta tuvo lugar el 24 de octubre y no de agosto.

Probablemente, todo el malentendido se haya debido al copista del manuscrito que se eligió para establecer el texto de la carta de Plinio. El error de un escriba al copiar el mes provocó una discusión de siglos que está por llegar a su fin porque un albañil habría comido tanto que no alcanzó a pintar una pared. Sólo nos resta esperar qué nuevas conclusiones pueden surgir con el reciente hallazgo de la “pizza”, el nuevo misterio de esta ciudad que no deja de sorprendernos.    

Referencias:

1. “Descubren en Pompeya una pintura de una pizza de 2.000 años de antigüedad”, Télam, 27 de junio de 2023.
2. Mary Beard, Pompeya, historia y leyenda de una ciudad romana, Barcelona, Crítica, 2009, págs. 19, 25 y 30.
3. Fernando Lillo Redonet, Taller de grafitos y pintadas de Pompeya, pág. 2, disponible en https://www.culturaclasica.com/colaboraciones/lillo/taller-grafitos-pompeyanos.pdf
4. Ramiro Sánchez Crespo, “Graffitis en Pompeya”, disponible en http://www.historiaclasica.com/2007/09/graffittis-en-pompeya.html
5 Ancient History Sourcebook Inscriptions From Pompeii, Fordham University, disponible en https://sourcebooks.fordham.edu/ancient/pompeii-inscriptions.asp
6. Cruz Gutiérrez, Sandra, Tesis doctoral “Estudio de las inscripciones parietales griegas y bilingües de Pompeya: edición, análisis y comentario”, Universidad de Salamanca, 2020, pág. 238.

7. https://almacendeclasicas.blogspot.com/2009/09/graffiti-pompeyanos-clasificados-por.html
8.  Beard, op. cit., pág. 68.
9  Ancient History Sourcebook Inscriptions From Pompeii, op.cit.
10.  Beard, op. cit., pág. 26.
11.  “Obscene graffiti of ancient romans” en imperiumromanum.pl
12.   Beard, op. cit., pág. 26.
13  Cruz Gutiérrez, op. cit., pág. 195.5 >
14.  Ibídem, pág. 198.
15.  CIL IV, Sup. 2, pág. 584.
16  Beard, op. cit., pág. 88.
17.  Plinio el Joven, Cartas, Libro VI, Carta 16, Madrid, Gredos, 2005, pág. 176
18  Ídem.
19. Gianluca Mezzofiore, “Un graffiti recién descubierto en Pompeya puede reescribir la historia”, CNN, 18 de octubre de 2018, https://cnnespanol.cnn.com/2018/10/18/un-graffiti-recien-descubierto-en-pompeya-puede-reescribir-la-historia/