Una despedida anticipada de Evita a Perón


El 7 de mayo de 1919 nació María Eva Duarte. Desde 1944 acompañó al futuro líder justicialista en el vaivén de la actividad política convirtiéndose en Eva Perón, o simplemente Evita, y no tardó en abandonar su carrera para entregarse de lleno a las luchas de su compañero.

En 1947, Perón decidió enviarla a Europa en su nombre y en representación de la “Nueva Argentina”. Reproducimos en esta ocasión la carta que Evita escribió a Perón en junio de aquel año al iniciar aquella “gira del Arco Iris”. La carta es una especie de testamento, una despedida, ante el temor de sufrir un accidente y morir durante el viaje.

Evita no murió en aquella travesía. Muy por el contrario, su gira por Europa, aunque por demás extenuante, paradójicamente la llenó de vitalidad y la impulsó a ocupar un lugar relevante en la política nacional.

Los cinco años que siguieron fueron de una actividad febril y desesperada. El voto femenino, la Fundación Eva Perón, la ciudad estudiantil, colonias de vacaciones, los hogares de tránsito, los derechos de la ancianidad, los policlínicos, la ayuda social directa, la creación del Partido Peronista Femenino fueron algunas de las tareas a las que se entregó sin descanso.

No paró ni ante los primeros síntomas de una enfermedad a la que no atendió y que terminó por consumirla en menos de dos años aquel 26 de julio de 1952. Tenía apenas 33 años.

Fuente: Esteban Peicovich, El último Perón, Cambio 16, Madrid, 1975.

Querido Juan:

Salgo de viaje con una gran pena, pues lejos de ti no puedo vivir, es tanto lo que te quiero que es idolatría. Yo tal vez no sepa demostrarte todo lo que siento pero te aseguro que luché en mi vida por la ambición de ser alguien; sufrí mucho, pero llegaste tú y me hiciste tan feliz que pensé que fuera un sueño y como no tenía más que ofrecerte que mi corazón y mi alma, te lo entregué por completo; pero eso sí, en nuestros tres años de felicidad cada día mayor, no dejé una hora de adorarte y bendecir al cielo por lo bueno que fue Dios al darme el premio de tu cariño, que traté en todo instante de merecerlo haciendo todo lo posible por hacerte feliz, no sé si lo logré, pero puedo asegurarte que en el mundo nadie te ha respetado ni querido más; te soy tan fiel que si Dios no quisiera en esta felicidad de tenerte y me llevara, aun después de muerta te sería fiel y te seguiría adorando desde las alturas.

Juancito querido, perdóname estas confesiones pero es necesario que sepas en el momento que parto y estoy en manos de Dios y no sé si me pasa ningún accidente que tu mujer con todos sus defectos; tú llegaste a purificarme porque vivo por ti, siento por ti y pienso por ti; cuidáte, el gobierno es ingrato, tienes razón; si Dios quiere y terminamos esto bien nos retiramos a vivir nuestra vida que yo trataré de hacerte lo más feliz que pueda pues tus alegrías son las mías.

Juan, si yo muriera, a mamá cuidála por favor, está sola y sufrió mucho; dale 100.000$; a Isabelita [Ernst] que te fue y es fiel, 20.000$ y un mejor sueldo, y yo desde las alturas velaré por ti; mis alhajas quiero que las guardes tú lo mismo San Vicente y Teodoro García para que te acuerdes de tu Chinita que tanto te quiso; a doña Juana está demás que te pida porque sé que la quieres como yo, lo que pasó que como vivimos nuestra eterna luna de miel no demostramos nuestro cariño para con la familia aunque la queremos.

Juan, tené siempre de amigo a Mercante porque te adora y que siempre sea colaborador por lo fiel que es. De Rudi [Freude], cuidado; le gustan los negocios. Castro me lo dijo y puede perjudicarte mucho, yo lo que quiero es tu nombre limpio como tú eres; además es doloroso pero debes saberlo lo que mandó hacer en Junín, Castro lo sabe, te juro es una infamia (mi pasado me pertenece, pero eso en la hora de mi muerte debes saberlo, es mentira todo; es doloroso querer a los amigos y que le paguen así, yo salí de Junín cuando tenía trece años, qué canallada pensar de una chica esa bajeza; es totalmente falso yo a ti no te puedo dejar engañado, no te lo dije al partir porque ya tenía bastante pena al separarme de ti para aumentar con ésta pero puedes estar orgulloso de tu mujer pues cuidé tu nombre y te adoré). Muchos besos, pero muchos besos, besos…

Evita, 6 de junio de 1947.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar