FAR Fuerzas Armadas Revolucionarias


FAR: con el fusil del Che

En la calle se les conoce por «los de Garín», una operación militar matemática que les permitió controlar una población dé 30.000 habitantes durante casi una hora; en los círculos clandestinos se les conoce como «los hombres del Che», porque estaban preparados para sumarse a la guerrilla de Bolivia; ellos, después de considerar varios nombres, deci­dieron levantarse en armas bajo una firma que ya está haciendo historia: Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Un dato para la Policía Federal: les va a dar trabajo descubrir detrás de este joven delgado y apacible, bien vestido, que tiene la corrección de un atento empleado de banco, al combatiente y dirigente nacional de las FAR que me habla de su organización en una confitería, una de las mil confiterías de ,Buenos Aires.

«Sí, nosotros nacimos como grupo que se proponía incorporarse a la guerrilla del Che. Conocimos el proyecto con cierta antelación y nos preparamos para incorporarnos. Nuestro grupo era entonces pequeño, compuesto por gente que venía de la izquierda tradicional, algún peronista y mucha gente nueva, sin antecedentes políticos. Éramos conocidos, amigos, compañeros de luchas políticas y nos unía una idea servir en lo que pudiéramos en la columna del Comandante Che Guevara. No nos habíamos planteado una línea política independiente, delegábamos todo lo que se refiera al desarrollo integral de una organización, como es lógico, a la figura del Che.

Una organización: por hacer

Pero cae el Che ya no podemos pensar así, ya no podemos, delegar nada en nadie, sino que.- tenemos que hacer un esfuerzo por concebirnos como una organización que se plantee la totalidad de las variantes que requiere la lucha revolucionaria.

Siendo conscientes, por supuesto, de que no éramos los únicos consi­deramos que, en una primera etapa, lo más conveniente, y prudente era desarrollarnos como grupo, consolidar una organización que tuviera cierta solidez, cierta homogeneidad, que pudiera además, producir hechos y entonces iniciar una política de apertura.

Sigue un período desde la muerte del Che a mediados de 1969 un año de transición en la Argentina y también para nosotros, en que nuestro trabajo apunta fundamentalmente á la consolidación organizativa y a la definición de nuestra estrategia.

Nosotros que habíamos arrancado de la concepción del foco guerri­llero rural, nunca subestimamos la lucha urbana, pero entonces no le dábamos la importancia que le damos actualmente. No obstante, si la guerrilla urbana habría sido siempre una preocupación en nosotros, no habíamos conseguido articular bien dentro de una estrategia. Fue recién el año pasado cuando nosotros incorporamos la lucha urbana como ele­mento fundamental de nuestra estrategia y pasamos a actuar en consecuencia.

Nuestra anterior estrategia, como es lógico, se reflejaba en todo lo que hacíamos: los planes de instrucción militar, apuntaban fundamental­mente a la guerrilla rural; los planes de formación de cuadros tendían a su preservación o sea, formábamos la gente y la cuidábamos para la lucha superior que era la guerrilla rural; la política de recursos la tras­ladábamos para un momento más cercano a la instalación del foco. Y todo así.

Fuimos haciendo nuestra experiencia, y bueno, un poco la realidad nacional nos llevó a ir ‘completando’ nuestro planteo estratégico que visto desde hoy hacia atrás, consideramos, efectivamente, que era parcial!, incompleto, insuficiente.

Una nueva etapa

Nosotros ya habíamos empezado a discutir el problema de la importan­cia de la lucha urbana y estábamos en eso cuando en la Argentina sobre­viene el «Cordobazo» que, por supuesto, nos impacta a nosotros, como impacta a todos y produce realmente un cimbronazo que confirma un poco todas estas cosas.

A partir de ahí iniciamos toda una nueva etapa. Intentamos definirnos, siempre dentro de una característica, quizás aprendida de los Tupamaros, que escribimos poco, realmente. Siempre nosotros decimos que nuestra práctica esta un poco más allá de nuestra teoría.

Ahora estamos haciendo un esfuerzo por nivelar esta cuestión. Haciendo un ‘balance organizativo nos planteamos que la construcción de organi­zaciones de este tipo suponía el desarrollo simultáneo o lo más simul­táneo posible de varias áreas de trabajo.

Dentro de nuestra terminología los llamamos los principios básicos de la construcción organizativa y que serían: 1) lo que llamamos la continuidad y progresividad operacional, 2) clarificación estratégica, 3) capacitación técnica, entendido por técnica militar y por otro lado: 4) la técnica organizativa o sea todo lo referente a la infraestructura organi­zativa, a niveles de seguridad, de crecimiento, de reclutamiento.

Nuestra historia es un poco una historia de avances a saltos en cada una de estas áreas. Hemos tenido etapas en que priorizamos la capaci­tación técnica, pero producíamos un salto en la técnica en desmedro de las otras áreas. A lo estrictamente estratégico y político, es recién ahora que le estamos dando la debida importancia aunque, por supuesto, como le decía, siempre lo discutimos. Llegó un momento en que creíamos tener un grado de capacitación téc­nica bastante adecuado, pensamos que teníamos un buen nivel operacio­nal. Iniciamos las operaciones -una serie de operaciones que no se sabe que las hicimos nosotros porque todavía no firmábamos como organiza­ción- y comprobamos que la gente se comportó bien, que revelaba una gran combatividad y que habíamos alcanzado la capacidad para plani­ficar y ejecutar operaciones complejas y, puede decirse, «presentamos en público». Y tenía que ser una buena presentación.

La idea de Garín

Así surge la idea de tomar Garín. La acción no era una locura porque ya habíamos ‘hecho» como le digo, otras operaciones con una movilización importante de gente, teníamos una buena experiencia acumulada en ese sentido.

Siempre nos había gustado mucho la toma de Pando por los Tupa­maros, tanto es así que cuando decidimos planear la acción la llamábamos «Pandito», aunque, después, lógicamente, le dimos otro nombre.

Nosotros queríamos -y queremos,.- desarrollar un tipo de acciones que combine diversos aspectos: expropiatorios, que siempre deben estar presentes porque a nuestro juicio son esenciales para el desarrollo orga­nizativo y la demostración de eficiencia frente a una acción de este tipo: una acción que revelara lo más claramente posible la eficacia de un método de lucha.

Los factores políticos no fueron determinantes en Garín. Se tomó por estas consideraciones que le decía, por razones predominantemente mili­tares. Aunque, claro, si hubiera habido factores políticos negativos no lo hubiéramos hecho. Pero, por el contrario, Garín está cerca de una zona donde está produciéndose un importante desarrollo industrial: la Ford está muy cerca y una serie de fábricas como Alba, una fábrica importante de pinturas. Todo este desarrollo se ha producido a partir de la apertura de la ruta panamericana que llega justo hasta Garín, a unos 35 kilómetros de Buenos Aires.

Nosotros, entonces, hicimos un estudio y llegamos a la conclusión de­ que ese era un lugar bueno. Montamos, por supuesto, un plan de observación. Teníamos la idea de la acción pero -y esto es importante- que­ríamos verificar si era posible su concreción en la práctica. Se le decía a todos los compañeros que iban a ver el lugar que nos dieran sincera­mente su opinión; que la acción no era un imperativo de nadie, que si era posible se haría y había que hacerla bien. La suma de las opiniones personales nos fue dando como resultado que la acción era posible: todo el mundo la veía.

Un pueblo en sus manos

Y se hizo. Y creemos que, verdaderamente, salió bien. Ocupamos el pueblo que tiene unos 30.000 habitantes, durante 50 minutos; tomamos el destacamento policial, el banco, la oficina de teléfonos (que fueron cortados); se ocupó un aparato de radio-teléfono que había en una casa particular; se controló la estación ferroviaria que tiene comunicación independiente ,aunque no se llegó a tomar porque no hubo necesidad; se controlaron los dos accesos principales, desviando el tránsito: no se permitía salir a nadie, lo que se permitía era entrar después de un­ control por parte nuestra (en un auto venía un agente de policía, lo hicimos bajar y lo retuvimos hasta que terminó la operación). Nos incau­tamos de tres millones y medio de pesos, armamentos, uniformes poli­ciales y otra serie de elementos útiles.

La acción impresionó, creemos, por la sincronización con que fue hecha, los medios técnicos empleados y realmente conmovió a la opinión y a los ­medios represivos.

Un problema por delante

Ahora a partir de esto, nosotros presentimos que entramos en una etapa en la que nos vamos a enfrentar con un gran problema, el problema al que se .enfrentan todas las organizaciones que llegan a un grado de desarrollo: el de la vinculación de la organización con las armas. Nos planteamos en términos serios esta tarea, no tanto de la vinculación con las masas, que nosotros pensamos que, de alguna manera, se logra con las mismas acciones, sino de cómo se van incorporando las masas (el famoso problema de las correas de transmisión) cada vez más al proceso de la lucha revolucionaria. Y pensamos que para lograr la incorporación de las masas a la lucha es necesario hacer un trabajo político-militar.

Ahora usted me preguntaba cómo veíamos el problema del peronismo dentro de este contexto. Nosotros consideramos que el peronismo juega un papel decisivo en la lucha revolucionaria en la Argentina. Nosotros actualmente tenemos el problema del Peronismo en el primer plano de nuestras discusiones porque a partir de las relaciones con los compañeros de las FAP provienen del peronismo». El hecho de que personalmente más profundidad el asunto.

Nosotros nos resistimos, en primer lugar, a que se nos ubique políticamente diciendo: «ustedes provienen de la izquierda y los compañeros de las FAP provienen del peronismo». El hecho de que, personalmente algunos militantes de nuestra organización hayan hecho su experiencia política anterior en la izquierda no impide que nosotros asumamos el peronismo como la experiencia revolucionaria de mayor nivel que se ha registrado en la Argentina, a nivel de masas, por supuesto.

Pensamos que el peronismo es la expresión política de la gran mayoría de la clase obrera y que una política revolucionaria debe partir de esa premisa. Pensamos que el peronismo no es un movimiento agotado; en decadencia, que haya caducado; por el contrario: pensamos que tiene vigencia, que perdura, que desde adentro del peronismo surgen fuerzas revolucionarias tan importantes como son las FAP. Y, por lo tanto, creemos que hay que partir de esa premisa y desarrollar todos los conte­nidos más revolucionarios del peronismo.

Algo en estudio

¿Que nos incorporemos o no al Movimiento Peronista? Bueno, esto es un problema que estamos discutiendo y sobre él ya no podría hablar en nombre de todas las FAR, porque las FAR tienen una estructura nacional y la Dirección Nacional tiene en proceso de discusión todo este problema del peronismo.

Pensamos que hemos avanzado mucho en la consideración del problema y no sé si llegaremos a considerarnos alguna vez parte del Movimiento Peronista. En las últimas discusiones con los compañeros de las FAP, ellos nos dicen que sí se consideran parte del Movimiento Peronista y que lo consideran un movimiento de liberación nacional. Nosotros no estamos convencidos de esto, pero vuelvo a decir que estas son consi­deraciones que no tienen nivel de decisión oficial de las F AR.

En cuanto a nuestra condición de marxistas-leninistas quiero decirle que nos consideramos marxistas-leninistas en el sentido de que utilizamos el marxismo-leninismo como método para el examen de una realidad pero no lo utilizamos como una «camiseta» política.

Relación con los demás

Este proceso armado que se ha abierto en la Argentina es muy joven, podríamos decir, y las relaciones entre las diferentes organizaciones revolucionarias no se han consolidado suficientemente todavía. Anterior­mente ha habido, a nivel de grupos políticos revolucionarios, miles de intentos de confluencia. Lo que diferencia a estos intentos de aquéllos, es que aquéllos se hacían sobre la, mesa de las discusiones teóricas y aquí toda la experiencia nuestra revela que nosotros hemos ido participando en un proceso con las otras organizaciones a nivel de la práctica y de la acción.

Nosotros bautizamos a toda una etapa, con los compañeros de la FAP, la »’etapa de los bolsones», porque era «toma armas», «dame armas»; «toma esto», «dame aquello», o sea toda una gran primera etapa de relaciones que está signada por este tipo de colaboración concreta de los grupos revolucionarios que no se preguntan mucho «¿qué pensás de esto? ¿qué pensás de aquello?», porque esas cosas están realmente muy, pero muy en segundo plano.

Lo que «todos sabíamos era, que estábamos por la lucha armada, que apuntábamos bien y que lo demás se daría como consecuencia del mismo desarrollo de la lucha. Ahora, después sí, creado un clima muy bueno, en fin, uno ya empieza a discutir, pero es a otro nivel. Por allí peleamos, discutimos fuerte, pero hay una identidad básica entre todos los que tenemos las armas en la mano.

Nosotros con los que tenemos unas relaciones más estrechas es con los compañeros de las FAP. Con los compañeros de las FAL también tenemos relaciones pero, por algún motivo que todavía no hemos deter­minado bien, no son tan intensas como las otras.

A nivel continente

Lo mismo pensamos en el plano latinoamericano. A nosotros se nos planteaba la disyuntiva de hierro entre estrategias continentales o estrategias nacionales. Por supuesto que en la época del Che, estaba claro. Nosotros tuvimos oportunidad de discutir este problema nuevamente, cuando la reaparición del Inti. Tuvimos, conversaciones con el ELN. Y no estábamos de acuerdo con el planteo de estrategia continental que hacían los compañeros bolivianos que consistía, esencialmente, o por lo menos así lo recibíamos nosotros, en considerara la guerrilla ‘boliviana como la vanguardia de la lucha revolucionaria en esta zona del continente, con una jefatura única, y a las que todas las organizaciones nacionales «tenían que dar su aporte para que una vez que se constituyera ese núcleo del ejército popular, desprendiera sus ramas por los distintos países.

A nuestro juicio el proceso era inverso. Es decir no nos cabe ninguna duda del proceso de continentalización de la lucha, es demasiado obvio decir que en Latinoamérica son más las cosas que nos unen -empezando por el enemigo- que las que nos separan.

Tenemos los mismos fines, utilizamos los mismos métodos, tenemos una historia común; son muy pocas las cosas que nos separan, pero hay particularidades nacionales que no se pueden abolir por decreto.

Esto de las particularidades nacionales lo discutimos alguna vez con compañeros revolucionarios de otros países y los foquistas más ortodoxos no nos tomaban en cuenta. Porque parecía corno si nosotros planteábamos lo de las particularidades argentinas para concluir en que aquí no había condiciones para la lucha revolucionaria y era todo lo contrario, creíamos que la Argentina tiene algunas particularidades a favor y no en contra de Ia lucha revolucionaria. Fundamentalmente por su clase obrera, que no es inexperta, sin organización, sino que tiene una gran experiencia de lucha, un grado de organización bastante importante, sindical, que de acuerdo no es suficiente, pero que en otros lados ni eso existe. Y que ha producido hechos importantes y que tiene un nivel de conciencia que también es importante.

De lleno en la lucha

Y ahora hemos entrado en este período franco de lucha armada. Porque por un lado en la Argentina se han asimilado mucho las experiencias internacionales y nacionales y ya en el país no cabe duda de que cualquier individuo o organización que se plantee seriamente una perspectiva revolucionaria tiene que pensar en la lucha armada.

Esto ya estaba claro desde 1962 cuando los peronistas ganaron con Andrés Framini la gobernación de Buenos Aires y no le dieron posesión. ­Desde entonces quedó claro que no había salida electoral.

Antes se podía divagar más o menos sobre el punto, pero no después de aquella demostración concreta. El punto máximo fue el derrocamiento de lIIia, la famosa Revolución Argentina. Porque Onganía barre con todo, con la Constitución, con la Universidad, con todo. Onganía tiene esa, virtud, digamos así, es un enemigo fenomenal, porque frente a ese régimen, ¿qué alternativa queda que no sea la armada?

Hoy leía en el diario las declaraciones de Paladino y de Balbín y hacen unos malabarismos increíbles para no decir que hay que agarrar las armas. Porque hoy hasta los Radicales del Pueblo tendrían que decir que hay que agarrar las armas. Y Paladino sigue haciendo «llamados a la reflexión» al gobierno, pero ¿hasta cuándo van a estar haciendo esos llamados?

Y está el hecho capital del «Cordobazo», todo lo que ocurre en la Argentina entre los meses de mayo y setiembre de 1969. No sólo en Córdoba, en Rosario, en Tucumán, en Corrientes, en fin. Eso despierta a todo el mundo.

Nosotros en esa época estábamos en discusión con una gente que había inventado la teoría de la europeización de la Argentina, de la aristo­cratización de la clase obrera, que Onganía estaba encausando las cosas y no sé que más y después del «‘Cordobazo» ¡nos quedamos sin interlocutores! ¡No aparecieron más! Incluso se hablaba de la pasividad de la clase obrera por aquella época y nosotros decíamos que esa pasividad escondía un elemento positivo: su resistencia a integrarse al régimen.

Y el «Cordobazo» mostró que esa pasividad era aparente.

Las razones del optimismo

Esta conclusión de que la salida electoral está cerrada ha prendido lo suficiente en la clase obrera como para hacerla receptiva a la salida armada. No quiero decirle con esto que esté totalmente claro. Si estu­viera totalmente claro ya las masas estarían haciendo la revolución, pero hay un grado considerable de receptividad a la lucha armada.

Nosotros nos hemos movido siempre con aquella síntesis genial del Che de la «necesidad del cambio y la posibilidad del cambio». Las masas hoy reclaman un cambio y no un cambio cualquiera, un cambio con orien­tación porque no por casualidad la gente, los peronistas, se ponen con­tentos cuando gana Allende en Chile, porque es una masa que tiene un sentido antioligárquico y antiimperialista que no puede desconocerse. No quiero decirle con esto que tengan todavía claro el problema del socia­lismo y del comunismo, eso es otra cosa.

Argentina, además, está jaqueada, el cono sur es un volcán: es Uruguay, es Bolivia, ahora es Chile. Toda la, etapa que alguna vez se llamó de reflujo, ha cambiado de signo; ahora se puede hablar del flujo revolu­cionario en toda esta zona y de un flujo a un nivel más organizado, con la experiencia asimilada. Nosotros somos muy optimistas sobre el futuro de la lucha en la Argentina».

América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, Enero de 1971.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar