
Autor: Mariano Fain
En la remota localidad novohispana de San Miguel Nepantla nació, el 12 de noviembre de 1651, sor Juana Inés de la Cruz, quien sería una de las más notables escritoras de la literatura en español. Bautizada como Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, sor Juana Inés reveló desde bien pequeña reveló una insaciable curiosidad intelectual y una memoria prodigiosa.
Apenas una niña y ya dominaba varios idiomas, entre ellos el náhuatl y el latín. Su más grande tesoro era la imponente biblioteca que heredó de su difunto abuelo, en cuyos envejecidos volúmenes se sumergía horas y horas. Su sed de conocimiento era tal que, si no comprendía algo, era capaz de sacrificar un mechón de su lustrosa melena.
Con solo 16 años emprendió rumbo a la ciudad de México, donde halló protección en la corte virreinal. Su inteligencia y don de lenguas dejaron boquiabiertos a los sabios que la examinaron. Gracias a ello, los condes de Galve la acogieron bajo su tutela, abriéndole las puertas a las tertulias eruditas de la época.
Pronto sintió el llamado de la vida religiosa. Ingresó en el convento de San Jerónimo, aunque allí no hizo más que avivar su pasión por el estudio. Leyó vorazmente todo cuanto cayó en sus manos, desde tratados teológicos hasta la poesía griega y latina. En este periodo compuso sus primeras obras.
Pese al ambiente de clausura, su espíritu inquieto y libre pronto chocó con las normas. Sus protectores fallecidos y la opresión clerical aumentaron su soledad. A partir de 1693 dejó de publicar. Falleció dos años más tarde a los 43 años de edad. Su enorme legado literario, póstumamente editado, la consagró como la décima musa.