Cosme Mariano Argerich, pionero en la promoción y enseñanza de la medicina local

Autores: Felipe Pigna y Mariana Pacheco

“Hay disposiciones en Argerich para el desempeño de cualquier cosa”, 1 escribía Jaime Menós de Llena desde Barcelona en una carta fechada en 1794. Y no se equivocaba. Cosme Mariano Argerich, pionero de la medicina en el Río de la Plata, estaba dispuesto a todo para honrar su profesión y especialmente para dar impulso a la enseñanza de la Medicina.

Ejerció sin remuneración en la Casa de Niñas Huérfanas y en el Hospital de Caridad; fue nombrado examinador del Protomedicato y cuando finalmente fue designado catedrático de la primera promoción de médicos formados en Buenos Aires, no dudó en donar parte de su sueldo para comprar los instrumentos que se necesitaban para dar clases y, como la incipiente institución carecía de biblioteca, cedió sus propios libros de Medicina para uso de los estudiantes. 

Durante las Invasiones inglesas atendió por igual, junto a sus 17 discípulos, a defensores e invasores con la más absoluta entrega sin percibir honorarios. Se negó a percibir también su salario para aliviar los gastos del erario y contribuir a la defensa de la ciudad. 

Cosme Mariano Argerich había nacido en Buenos Aires en 1758. Su padre, un reconocido médico español, lo envió a realizar estudios de Medicina en la Universidad de Cervera, en Cataluña. En España el joven Argerich obtuvo su título de médico, reconocimiento personal y una distinción de la Real Academia Médico Práctica de Barcelona que lo admitió como “académico correspondiente” por encontrarlo entre “los hombres eruditos, amantes verdaderos del progreso de la Medicina” capaces de “dar brillo a la profesión médica”. 2

El joven Argerich fue enviado a estudiar Medicina en la Universidad de Cervera, en Cataluña, España

Con esas credenciales, en 1784 regresó a Buenos Aires, donde el ejercicio de la medicina era muy rudimentario, arreciaban las enfermedades y casi no había profesionales. El censo de 1778 había registrado apenas 9 médicos, 2 cirujanos, 6 sangradores, 5 boticarios y 48 barberos 3 para una población de casi 25.000 habitantes, y abundaban los curanderos, sanadores y estafadores. “[Los habitantes] tienen su salud y sus vidas expuestos a la ignorancia, y a una barbarie de hombres y mujeres que se figuran médicos, alucinándolos con cuatro drogas mal dispuestas y peor administradas. Son los que verdaderamente les quitan el dinero y lastimosamente la vida… estos homicidas del género humano saben captarse la voluntad de los incautos”, advertía Miguel O’Gorman, el gran promotor de la medicina en la etapa virreinal, destacando la precariedad sanitaria y la indefensión en que se encontraban los habitantes del Virreinato del Río de la Plata, creado en 1776.

Buenos Aires era por entonces una ciudad muy descuidada, mal iluminada y aburrida. Por fortuna, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo, conocido como el virrey de las luminarias, impulsó su modernización y la creación de numerosas instituciones de arte y ciencia. Creó un sistema de alumbrado público en base a mecheros alimentados a grasa de potro que luego fueron reemplazados por velas de sebo. Los faroles eran mantenidos por los serenos, simpáticos personajes que además anunciaban la hora. Vértiz también hizo empedrar algunas calles .Se ocupó de la provisión del agua. Creó el Real Colegio de San Carlos (actual Nacional Buenos Aires), fundó un teatro de comedias, la casa de Niños Expósitos, un hospital para mendigos, instaló una imprenta, organizó la policía, fundó varios pueblos en la provincia de Buenos Aires, y finalmente accedió a establecer el Protomedicato del Río de la Plata, a instancias del incansable Miguel O’Gorman, un reclamo de larga data, que tardaría décadas en lograr la aprobación real. 

«Hay disposiciones en Argerich para el desempeño de cualquier cosa»

Jaime Menós, carta enviada desde Barcelona en 1794 a Miguel O’Gorman 

La instalación del protomedicato fue una de las medidas más relevantes en materia sanitaria. Es difícil exagerar su importancia. Entre sus atribuciones se encontraban la revalidación de títulos; la información sobre problemas médicos; las medidas a tomarse ante epidemias, la fijación de aranceles médicos y de medicamentos, las denuncias por mal desempeño de la medicina, la persecución de curanderos y otras prácticas condenadas, la fiscalización de extranjeros que arribaran, el examen de esclavos y el examen de quienes pretendían ejercer la medicina, como médicos, cirujanos, boticarios, sangradores.

Inauguración del Tribunal del Protomedicato, con un discurso de Miguel O’Gorman

El 17 de agosto de 1780 Miguel O’Gorman inauguró el Protomedicato, instalando el tribunal en dos piezas bajas del Colegio de San Carlos, también llamado Real Convictorio Carolino, en la Manzana de las Luces. 

Don Cosme Argerich no tardaría en ser convocado para formar parte de la institución como Primer Examinador en virtud de su “instrucción y eruditos conocimientos” además de “integridad, buena fe y celo por el bien público”. 5

Primer curso de Medicina en el Virreinato del Río de la Plata

En 1799 se creó la Escuela de Medicina del Tribunal del Protomedicato de Buenos Aires, que inauguró sus cursos al despuntar el nuevo siglo. Aunque en el virreinato había dos universidades –Córdoba y Chuquisaca–, ninguna ofrecía cátedras de medicina 6. Los cursos empezaron en 1801 con el estudio de Anatomía, a cargo del profesor Agustín Eusebio Fabre. 7

Al año siguiente, tocaba el dictado de la Cátedra de Medicina a cargo de O’Gorman, pero pidió ser exonerado por sus múltiples dolencias y en su lugar fue designado Cosme Argerich. Una vez más el compromiso y dedicación de Argerich compensaron la precariedad de la institución. Por entonces no había ni instrumental para cirugías ni biblioteca para los alumnos, y como vimos, tanto Argerich como Fabre cedieron sus libros de medicina y redujeron sus propios sueldos para poder comprar instrumentos, reactivos y demás elementos necesarios. Asistieron a este curso apenas 13 alumnos. En 1805 se sumarían cuatro nuevos estudiantes al segundo curso de medicina.

Invasiones Inglesas

Cosme Argerich se destacó como médico durante las Invasiones inglesas, espeicalmente en 1807

Las invasiones inglesas de 1806 y 1807 fueron una prueba de fuego para la primera generación de médicos y practicantes formados en Buenos Aires, que haciendo “abstracción de todo peligro” corrieron “en auxilio de los patriotas caídos durante los combates para disputar vidas preciosas a la muerte” 8. Argerich y sus 17 ayudantes y discípulos atendieron por igual a locales e invasores en el frente de batalla, en los hospitales de la ciudad y en improvisados hospitales de sangre. En agradecimiento a sus atenciones los oficiales británicos obsequiaron a los betlemitas un reloj de pie 9 , patrimonio del Museo Histórico Nacional.

Argerich no sólo debió trabajar febrilmente durante aquellas jornadas, también, como vimos anteriormente, ante las urgencias económicos del momento donó su sueldo para alivianar las cargas del erario público. 10

Las invasiones inglesas tuvieron consecuencias funestas para el progreso de la salud: mientras por un lado se suspendían los nuevos cursos de medicina, que debían comenzar hacia 1806 o 1807 11, por el otro, introdujeron un nuevo escollo para la salud pública. Hasta entonces, pese a que abundaban los perros salvajes, llamados cimarrones, la rabia era desconocida en estas tierras. Fue introducida por los perros que acompañaban a los ejércitos británicos durante las invasiones. 12

El insólito tratamiento, en caso de mordida, indicaba “agrandar las heridas, quemarlas con un hierro al rojo y revulsionarlas con un vejigatorio de insectos irritantes llamados cantáridas” 13. Faltaban todavía ocho décadas para que se descubriera la vacuna antirrábica.

Argerich en Mayo de 1810

Al igual que O’Gorman, Argerich respaldó la posición de Juan José Castelli durante los sucesos de Mayo. En el Cabildo Abierto del 22 de mayo manifestó: “que habiendo caducado la suprema autoridad, debe esta reasumirse en el pueblo, y por consiguiente interinamente en el Exmo. Cabildo, hasta que con la mayor brevedad disponga las incorporaciones del vecindario, que por medio de sus diputados deben formar la Junta general del virreinato, hasta que las provincias decidan el sistema de gobierno que se deba adoptar”. 14

Medicina tras la Revolución de Mayo

Tras la Revolución, la Junta reorganizó el Protomedicato con la creación de un tercer conjuez el 6 de junio de 1811, puesto al que fue ascendido don Cosme Argerich.

Más tarde promovió la creación del Instituto Médico. La Gaceta de Buenos Aires del 1° de diciembre de 1813 sostenía, a propósito de la creación del Instituto Médico: “La salud de los habitantes del Estado es uno delos primeros objetos del Gobierno”. El Instituto se proponía “precaver al aumento y aliviar el peso de les males que abroman la humanidad”. Y advertía: “En el bárbaro plan de la ignorancia sistemática adoptado por la política antigua, entraba también el designio de perpetuar en la América toda especie de enfermedades, impidiendo los progresos del arte de curarlas… El Gobierno en medio de sus graves atenciones ha establecido una Escuela de Medicina y Cirugía con el título de Instituto de Medicina… El curso Medico se empezará el 1º de marzo del año próximo, y se concluirá en el periodo de 6 años”.15

Al inaugurarse la Cátedra de Medicina Cosme Argerich cedió sus propios libros y redujo su sueldo para comprar los instrumentos, los reactivos y demás elementos necesarios.

Argerich fue el creador, el director y el autor del plan de estudios y del reglamento interno del Instituto Médico.  Las agitaciones del momento hicieron que en 1814 el Instituto Médico se transformara por disposición del Director Supremo en Instituto Médico Militar. En su carácter de director, Argerich fue también primer médico y cirujano mayor del ejército, aconsejando a San Martín sobre las medicinas con que debía contar el Ejército de los Andes.

Monumento en Plaza Houssay, Buenos Aires – Argerich, O’ Gorman y Fabre (de izquierda a derecha)

El 14 de febrero de 1820 moría en Buenos Aires Cosme Argerich. En sus más de 35 años de trabajo incesante Argerich dejó sentadas las bases, junto a Miguel O’Gorman y Agustín Fabre, para el ejercicio y el estudio de la medicina. 

El Instituto Médico que había creado en 1813 fue fundamental para la formación de los primeros médicos del período revolucionario y fue precursor de la enseñanza universitaria, ya que al crearse la Universidad de Buenos Aires en 1821, el Instituto quedó integrado el Departamento de Medicina de esa facultad.

Referencias:

1 Pedro Mallo, Anales de la Facultad de Ciencias Médicas, Tomo 1. pág. 148; en Eliseo Cantón, Conferencia sobre el Dr. Cosme Argerich, Buenos Aires, Las Ciencias, Establecimiento Tipo-Litográfico y Casa Editora de Guidi Buffarin, 1919, pág. 13.

2 Eliseo Cantón, op. cit., pág. 16.

3 Guillermo Furlong, Médicos argentinos durante la dominación hispánica, Ed. Huarpes, Buenos Aires, 1947, p. 178; en Juan Carlos Veronelli y Magalí Veronelli Correc. Los orígenes institucionales de la salud pública argentina, pág. 81

4 Juan Ramón Beltrán, Epistolario de Miguel Gorman, Buenos Aires, Imprenta de la Universidad, 1939, págs. 31 y 32.

5 Eliseo Cantón, Conferencia sobre el Dr. Cosme Argerich, Buenos Aires, Las Ciencias, Establecimiento Tipo-Litográfico y Casa Editora de Guidi Buffarin, 1919, pág. 18.

6 Alicia M. Damiani, “Bicentenario de la muerte de Miguel O’Gorman”, en Revista de la Asociación Médica Argentina, Vol. 133, Número 4, 2020, pág. 65.

7 Médico español de destacada actuación en el Río de la Plata.

8 Eliseo Cantón, op. cit., pág. 28

9 Abel Luis Agüero, Manual de historia de la medicina argentina, Buenos Aires, Ediama, 2014, pág. 28.

10 Cantón, p. 29.

11 Los jóvenes preferían acudir a los cuarteles y dedicarse a actividades militares antes que a las clases y prácticas hospitalarias. Ver Eliseo Cantón, op. cit., pág. 30.

12 Abel Luis Agüero, op. cit. 28.

13 Ibídem.

14 Acta del congreso general de 22 de mayo, en Luis V. Varela, Historia constitucional de la República Argentina, La Plata, Taller de impresiones oficiales, 1910, pág. 41.

15 Junta de Historia y Numismática Americana, Gaceta de Buenos Aires (1810-1821), Tomo III, Años 1811 a 1813, Buenos Aires, Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco, 1911, pág. 488.