Colón y su descrédito ante los reyes católicos, por Felipe Pigna

Fueron las denuncias de los propios españoles acusando de autoritario, corrupto y sanguinario a Bartolomé Colón –nombrado “adelantado” por su hermano Cristóbal en 1494, dos años después del supuesto descubrimiento– las que provocaron el envío por parte de los reyes Isabel y Fernando del comisionado real Francisco Bobadilla, quien llegó a Santo Domingo en agosto de 1500. A poco de arribar, Bobadilla comprobó las injusticias y los actos de corrupción cometidos por Bartolomé y concluyó que Cristóbal no podía ser sino cómplice de su hermano, porque era evidente que se había beneficiado de aquel sistema y resultaba imposible que, con los antecedentes que de él se conocían, no hubiera tomado las medidas pertinentes. Elaboró un informe lapidario y los hermanos Colón fueron encarcelados y enviados a España engrillados, probando de su propia medicina. La reina consideró que Bobadilla se había excedido en sus funciones, absolvió a Colón pero le quitó su sueldo y los cargos de virrey y gobernador.

Pero cuando Colón publicó el Libro de las profecías, a comienzos de 1502, los reyes llamados católicos comenzaron a preocuparse seriamente por la salud mental del almirante. Colón señalaba allí la necesidad y urgencia de emprender la conquista del Santo Sepulcro y aseguraba que él era el hombre que, según vaticinaban las Sagradas Escrituras, “debía pasear triunfante la fe de un extremo al otro de la tierra”. Declaraba que la misión de ir a las Indias por el Occidente le había sido inspirada por Dios y anunciaba que en 1657 el mundo sería destruido.


Colón esgrimió estas hipótesis para intentar convencer a Fernando y a Isabel de que apoyasen su cuarto viaje y destinaran todo lo obtenido a la conquista del Santo Sepulcro. No creyendo los reyes ninguna de las teorías del almirante y dudando seriamente de su cordura, le otorgaron la licencia de viaje y apenas cuatro navíos con una tripulación de ciento cuarenta hombres, le prohibieron desembarcar en La Española y lo obligaron a destinar la totalidad de las ganancias que lograra al Tesoro real, para lo cual destacaron al escribano Diego de Porras como veedor real, con la comisión de inventariar e incautarse de todas las riquezas que se hallaran durante la expedición.


El 11 de mayo de 1502, Colón zarpó en su último viaje, junto a su hermano Bartolomé y su hijo Hernando, de 13 años de edad, del puerto de Cádiz y pretendió desembarcar en Santo Domingo, pero su gobernador, Ovando, cumpliendo órdenes reales, se lo impidió. Colón se dirigió a Jamaica y luego a Honduras y a Costa Rica. Por las características del terreno, Colón pensaba que el río Ganges de la India estaría muy cerca. No alcanzaba a comprender dónde estaba y decidió regresar a España.

Llegó el 4 de noviembre de 1504, pocos días antes de la muerte de la reina Isabel. Comenzó a pleitear contra el católico rey Fernando para conseguir al menos que le pagaran algo de lo que consideraba se le debía después de haber aportado tanto al tesoro español. En eso estaba cuando un 21 de mayo de 1506 lo sorprendió la muerte en Valladolid, sin gloria, con su honor seriamente afectado y sin enterarse de que había descubierto un nuevo continente que llevará el nombre América en honor a su colega Vespucio.